Huevos Benedictinos

Huevos Benedictinos

Esta es la historia de como unos huevos benedictinos me hicieron llorar. Planificando las recetas de la semana para el blog quise incluir un desayuno y, pensando en cuál hacer, decidí preparar el plato rey del brunch: los benedictinos. No es una receta original pero es divina, a muchos les gusta y tenía muchas ganas de fotografiarlo. Es una receta sencilla así que podía hacerla junto con alguna un poco más complicada que llevara un poco más de tiempo para aprovechar el día. Eso pensé sin saber la lección que me iba a dar este plato. No les diré que los huevos pochados son fáciles de preparar para que queden perfectos, tienen cierto nivel de dificultad, pero los he hecho varias veces y siempre he logrado un resultado bastante decente para una persona que no es cocinera en realidad. 

Total que estaba casi lista. Preparé mi salsa holandesa, una base de espinaca y cebollín, corté el pan y lo tosté en el punto en que más me gusta, saqué el jamón y el set estaba listo. El agua ya estaba llegando a su punto para cocinar los huevos y todavía era temprano en la mañana. Abrí el primer huevo y lo puse sobre un colador pequeño para descartar el exceso de clara, aquella que estuviera muy líquida (este truco lo aprendí en algún lugar alguna vez y me ha funcionado desde la primera vez). Para mi sorpresa toda la clara pasó a través del colador y quedó sólo la yema que poco a poco también empezó a salirse. Qué raro. Intenté con otro y lo mismo, pero antes de perderlo completo lo llevé al agua. Desastre. Se rompió la yema y la clara se esparció por toda la olla. “No pasa nada. Tengo todavía ocho huevos más”, pensé. Boté el agua para empezar de cero. Turno del tercer huevo y lo mismo. Pensé que tal vez era porque los huevos estaban a temperatura ambiente. Decidí meterlos en la nevera y esperar. Un buen rato después era el turno del quinto huevo. Salió, pero bien feo. Lo puse en un bowl con agua tibia para no descartarlo e intenté con el sexto. Lo mismo. “No puede ser: ¿Seis huevos y ni uno me ha salido bien?”. En este punto ya no estaba tan contenta ni relajada. Era momento de intentar con otra técnica. La elegida fue la de la bolsita plástica que parecía ser la más segura. Sólo tienes que colocar el huevo dentro, la amarras bien y la metes en el agua. Como era la técnica segura decidí cocinar los dos huevos de una vez allí. Esperé, esperé. Cuando finalmente los saqué del agua ya tenía recalentada la base de espinaca y la salsa holandesa. Tomé las primeras tres fotos sin los huevos y cuando fui a colocarlos abrí la bolsita y aquello era una sopa de yema rota. Perdí el control emocional y de repente, sin decir palabra, estaba sentada llorando de la frustración. ¡Diez huevos perdidos! ¡Y lo que está costando un cartón de huevos! ¡Y la mañana perdida! Un poco exagerada, pensarán. Tienen razón, pero la situación era un poco absurda. Estaba preparando huevos.

Total que descarté las fotos por un buen rato. Pensé que quién me había mandado a mí a abrir un blog de comida y tratar de compartir recetas cuando ni a mí me salían. Empecé a recoger el desorden, bien molesta y con veinte pensamientos de auto-castigo por minuto. De repente vi aquellos dos huevos que habían salido feos pero estaban completos. Sin pensarlo mucho decidí utilizarlos y terminar lo que había empezado, así el resultado fuera diferente a lo que yo me había imaginado. Puse los huevos, vertí la salsa, tome unas fotos más y de repente me encontré con unas ganas tremendas de comerme esa tostada. Se veía mundial y me dio risa. Al final ¿no es esa la idea de los platos que preparo? Lo que yo publico aquí es porque me provocó a mí antes y me pareció divino. Sí, los huevos estaban bien feos, pero, ¿y qué? ¿De dónde venía tanta exigencia de un plato para mi blog personal? De ustedes quienes me leen definitivamente no venía. Al final quienes entran en este espacio lo hacen por distracción, no porque aquí encuentren una Julia Child.

Terminé las fotos y pensé que debía publicar la receta nada más para contarles esta anécdota. Todos tenemos mejores días que otros en lo que hacemos, así sea lo que más nos guste. ¿Eso nos hace unos fracasados? ¿Debemos parar de hacerlo porque pusimos la torta una, dos o diez veces? (qué vergüenza jajaja). Y aunque sea un ejemplo tonto, un post para un blog sobre huevos benedictinos, creo que aplica para cualquier situación. No seamos tan duros con nosotros mismos. Aceptemos nuestra humanidad. Aceptemos que las cosas no siempre salen como las imaginamos y encontrémosle lo rico a eso también.

Huevos Benedictinos

Ingredientes:

2 cebollines

½ taza de espinaca

1 lonja de jamón ahumado

1 rebanada de pan

2 huevos

Aceite de oliva

Ciboulette para servir

Para la holandesa:

100g de mantequilla

2 yemas de huevo

1 cucharadita de mostaza

½ cucharadita de jugo de limón

Sal y pimienta al gusto

Preparación:

Corta el cebollín en tiras gruesas y saltéalas en un sartén con aceite de oliva. Cuando estén suaves añade la espinaca, sazona con sal y pimiento, cocina por un minuta y retira del fuego.

En una olla pequeña derrite la mantequilla. En un bowl en baño María bate las yemas de huevo con la mostaza y el limón, constante pero suavemente para evitar que se corte. Añade la mantequilla poco a poco mientras sigues batiendo y agrega un poco de agua si la quieres más suelta. Apaga el fuego y mantén la salsa ahí mismo removiendo cada cierto tiempo para que no se endurezca.

Mientras calientas el agua en una olla para cocinar los huevos, pon el pan a tostar. Agrega un chorrito de vinagre blanco. Cuando el agua esté a punto de hervir abre un huevo sobre un colador pequeño para descartar el exceso de clara. Con un cucharón remueve el agua de la olla en forma circular y con cuidado agrega el huevo. El mismo movimiento del agua ayuda al huevo a formarse. Cocina durante dos minutos y con cuidado retíralo del agua. Les juro que esta es la técnica aunque mis fotos demuestren lo contrario. Si no sale a la primera o a la segunda no se preocupen, ya saldrá. Otra forma de prepararlos es colocando un bolsita tipo Ziploc o papel envoplast en una taza. Rompe el huevo directamente dentro de la taza y con el plástico sobrante amarras un nudo de manera que no quede nada de aire adentro. Metes la bolsita en el agua y cocinas de dos a tres minutos. Repetir con el segundo huevo. Y mientras sale perfecto: disfruten. Les prometo que les quedará rico igual.

Sirve la tostada, la lonja de jamón, la mezcla de espinaca y cebollín y los huevos. Báñalos con la salsa holandesa y disfruta inmediatamente.