Una historia sobre berenjenas miso

Una historia sobre berenjenas miso

Lo primero que les voy a decir en este post es que no utilicé miso para esta receta, y lo primero que ustedes van a pensar es: ¿por qué carrizo las llamó berenjenas miso entonces? Les explico. Hace un año probé este plato en la zona de Thamel en Katmandú, Nepal, en un restaurant muy chiquitico nepalí-japonés llamado Mahaaja. Fue amor a primer bocado. Son berenjenas servidas en su misma concha pero con la carne súper suave y están bañadas con un glaseado de miso, entre dulce y salado, con ajonjolí. Es un plato muy sencillo pero que saca lo mejor de la berenjena y tiene muchísimo sabor. Pensé que nunca más iba a comerlas pero resulta que es un plato japonés bastante común, cosa que ignoraba por completo, y me di cuenta un día que fui a comer a Ávila Tei aquí en Caracas (si no me equivoco fue el primer restaurante japonés que abrió en la ciudad) y las vi en el menú. Las pedí y la gloria. No tenía que volver ir a Nepal o viajar a Japón (aunque está en mi bucket list) para volverlas a comer. Pero quise ir más allá. Quise aprender a prepararlas y me puse a buscar recetas y a leer las diferencias. Se veía bastante sencillo así que compré berenjenas y me fui a mi casa a prepararlas, con el pequeño detalle de que cuando iba a prepararlas no tenía ninguno de los ingredientes japoneses que pensé que sí tenía. Necesitaba miso, sake y mirin. Y yo vivo en Caracas que no es que sales un momentico y lo compras. La torta. ¿La torta? ¡No! Se me ocurrió tratar de sustituir estos ingredientes por otros más comunes que muchos puedan tener en casa y no variarle mucho el sabor a la receta original. Challenge accepted!

Empecé por el miso y los sabores más cercanos que pensé fueron salsa de pescado y soya, así que los saqué. ¿Con qué podía sustituir el sake? ¡Vodka! (espero que no me esté leyendo ningún experto en destilados, me disculpo por si acaso) ¿Y el mirin? Vinagre de sidra. Tal vez algunos estén pensando que estoy loca y que esos no son sustitutos correctos, pero diviértanse conmigo y confíen en que el resultado es divino. Lo demás lo tenía: miel, ajonjolí, aceite de ajonjolí y cebollín. La preparación es rápida y sencilla: se hace el glaseado mientras las berenjenas se cocinan en el horno, luego se bañan y se sirven.

Esta receta es demasiado rica, pero como siempre digo: un plato “es” gracias a sus ingredientes. No es lo mismo utilizar salsa de pescado y soya que miso. Tampoco es lo mismo sake y vodka, ni mirin y vinagre de sidra. Pero lo que puedo asegurarles es que estas berenjenas les van a encantar. Si tienen curiosidad de probar las originales vayan a Ávila Tei o al restaurante japonés más tradicional que haya en donde estén. También pueden comprar los ingredientes originales si se consiguen con facilidad en donde viven. Luego prueben éstas y me cuentan si les parece un buen acercamiento y una buena manera de resolver el antojo cuando no tengan los ingredientes que son.

Berenjenas sin miso

Ingredientes:

1 cucharada de vinagre de sidra

1 cucharada de vodka

2 cucharadas de salsa de pescado

1 cucharadita de soya

2 cucharadas de miel

2 berenjenas grandes o 4 pequeñas

1 cucharadita de aceite de ajonjolí

Ajonjolí y cebollín para servir

Preparación:

Precalienta el horno a 210º. Corta las berenjenas por la mitad a lo largo, píntalas con aceite de ajonjolí y colócalas boca abajo en un molde que pueda ir al horno. Hornéalas durante 25 minutos, voltéalas y hornéalas 10 minutos más o hasta que estén suaves.

Mientras tanto en una olla coloca el vinagre y el vodka a fuego medio y cocina por un minuto. Añade la salsa de pescado, la soya y la miel. Baja el fuego y cocina removiendo constantemente durante 5 minutos o hasta que espese.

Saca las berenjenas del horno y báñalas con el glaseado. Sirve caliente con ajonjolí y cebollín.